Empiezo un post que sentí que debí escribir hace tiempo para
no dejar pasar ciertas cosas que a veces uno olvida, pero entonces empezaré a
hacer mi resumen del año con lo que hasta hoy marcó. Debo decir que ha sido un
año decisivo en mi vida y que hasta puedo decir, el más valioso.
1.
Me regalaron a Teo

Sin lugar a dudas una de las mejores cosas
que me sucedió. Me causó peleas, llantos, culpas, heridas, mordidas, caídas, de
todo. Cabe aclarar que es un labrador, por lo que literal me causó de todo
aparte de que creció súper rápido y con él su fuerza.
Al principio fue horrible, vivía peleada
con mi mamá porque no lo quería pero de alguna manera logré que se quedara. En
verdad hasta hoy peleamos por cosas que hace Teo pero ya está un poco más acostumbrada.
Mucha gente me dice pero porque no tienes plata? (porque no es que me sobre así
como que asu cuánta plata tienes vámonos todos los fines de viaje) y yo les
cuento que mi bebé come mucho y que gasto en él por la veterinaria y todo, y
muchos de los comentarios son: “para que tienes perro, gastas mucho, regálalo”,
pero juro que es el dinero mejor gastado, me encanta verlo limpiecito y
contento cuando le llevo juguetes nuevos (le encantan los que suenan).
Jamás hubiese pensando regalar horas de
sueño, los que me conocen saben cuánto valoro dormir, pero hoy me levanto todos
los días una hora antes de mi hora habitual para llevarlo al parque, ponerle su
comida y jugar un rato. Intento siempre respetar sus horas de salida al parque
(aunque algunos no lo entiendan), porque quiero que esté contento y feliz. Es
un perro lindo, grandote y a veces por su emoción no se controla pero es lo
máximo, siempre está dispuesto a jugar con todos y es un bueno, la verdad es
que vivo enamorada de él y las cosas que hace.
Es verdad cuando dicen que naaaaadie se va
a poner más feliz cuando llegas a la casa que tu mascota, la cola parece que se
le va a salir de la felicidad y eso, me hace feliz a mi también. Gracias a mi
amor por el regalo más lindo de mi vida: Teo.
2.
Empecé a trabajar

Venía hace tiempo ya buscando trabajo por
todos lados, los primeros tres meses estaba loquita viendo por todos lados si
algo salía (hasta ahora no sé porque estaba tan ansiosa). Cuando de pronto un
domingo como cualquiera, hago el comentario (de nuevo, por 20avo domingo
consecutivo) de que estaba buscando chamba, y mi cuñado me dice: “a ver pásame
tu cv que creo que están buscando un practicante en mi chamba”. No estaba tan
emocionada por el rubro (automotriz, netamente lubricantes) pero se lo mandé.
Después de 3 días me llamaron de otro
trabajo al cual había postulado por Facebook, fui a la entrevista, a los dos
días me dicen que había quedado y empezaba el lunes. Luego me di cuenta que el
lunes era 14 de Marzo (¡Mi Santo!) y dije, bueno, tendrá que ser una señal.
Empecé con miedo pero luego me aburrí, el ambiente era mostro, pero la chamba
no tanto y deje de tener ganas de ir.
Cuando de pronto me llaman de Axur, la empresa
donde trabajaba mi cuñado, fui a la entrevista, salí y le dije (totalmente
decepcionada): “ya fue, no la hago”; sentía que me había ido horrible y que las
personas que me entrevistaron solo querían que me vaya pésimo. Pero, después de
tres días me llamaron! De la nada y completamente sorprendida, me dijeron que
había quedado luego de las pruebas psicológicas, médicas y todos los trámites,
el 1 de abril arrancaba.
Otra vez, entré llena de miedo, porque a
pesar que mi cuñado se sentaba a mi lado, era la nueva y debía conocer la
dinámica con la que trabajaban en la oficina. FUE LOCASO, a la semana dejé de
sentirme la nueva, conocí gente espectacular que hacía que mis días se hagan
mucho más llevaderos, que la locura del estudiar, entrenar y trabajar no la
sintiera tanto como en realidad lo era. Me sentí súper bien todo el tiempo que
estuve allí, aprendí y la verdad es que le saqué el jugo el poco tiempo que
pude estar ahí.
3.
Me cambié de Universidad.
Una de las decisiones que me tomó más
tiempo, porque involucraba un cambio social de 180° y aparte me iba a doler en
el bolsillo.
Así de claro, me recontra moría de miedo de
ser la “nueva” otra vez, y a parte no sabía si de verdad lo iba a poder
afrontar. Puse mil cosas en la balanza y al final se dió, viví un mes entre la
antigua y la nueva universidad, de trámite en trámite hasta que por fin ya
estaba todo hecho, no faltaba nada. Empezaría desde cero en otro lugar, con
nueva gente, nueva metodología y nuevas expectativas.
A decir verdad era mucha más la gente que
me decía que no me cambiara, pero no sé por qué yo sentía que era lo correcto,
que me estaba estancando y debía seguir caminando. Solita empecé todo y me di
cuenta que uno debe seguir sus instintos, mucha gente te puede decir x o y pero
finalmente tu eres la única persona que sabe realmente lo que sientes que es
correcto.
Así, con lo difícil que fueron los primeros
días, fue una de las mejores decisiones que he tomado; por lo importante y
decisivo del cambio, me encantó.
4.
Me cambié de trabajo, y me volví a cambiar.
A los 4 meses de empezar en esta empresa
locasa, con el mejor ambiente laboral, con gente súper chévere, cerró, cosa que
hizo que me quedara sin chamba (again). Aparte de la pena que sentí, me llené
de preocupación porque la universidad no se iba a pagar sola así que me puse a
buscar. Estuve todo Agosto sin chamba y en septiembre entré a Euromotors, una
empresa importadora de autos (automotriz me persigue). Empecé y me pasó lo
mismo que con la primera chamba, me sentía aburrida, no tenía ganas de ir y
creo que cuando sientes eso no estás en el lugar correcto.
A los pocos días me llama quien fue GG de
Axur, lo cual me dejó totalmente sorprendida porque directamente nunca llegué a
trabajar con ella, y me pregunta si me interesaba un cambio porque tenía una
vacante en Talma. Fue el momento preciso y sin pensarlo dije que sí, tuve un
flashback de cuando tuve que renunciar para entrar a Axur pero así fue, después
de una semana en Euromotors, me fui.
Entré a Talma con las esperanzas a mil,
emocionadísima por encontrar un ambiente mostro y con las pilas para trabajar
lo mejor posible pero me choqué con una pared, casi me muero. Me di cuenta que
el ambiente era serio, silencioso y no muy integrador; dentro de mí dije, y
ahora qué hago. De nuevo sentía este malestar de venir, esta poca motivación
por levantarme, y todo iba un poco mal. Pero, gracias a que habían algunas
personas de axur, me ayudaron a poder sobrellevar el cambio y también a
adaptarme y aceptar que no todos los lugares son iguales.
Aunque aún me sigue pareciendo un poco rara
la sensación, tengo ganas y motivos para el siguiente año las cosas mejoren, el
ambiente se distienda un poco y se haga un poco más motivante el venir a
trabajar. Hay proyectos que indican que así lo quieren todos así que con fe.
5.
Me convertí en madrina

Y nació Maria José!
Cuando como en febrero mi hermana mayor
dice que estaba embarazada enserio no le creí, porque siempre escuché que ya con
un hijo se iba a quedar (tiene a Sebastián de 8 años) pero la verdad que fue
una bendición y en un momento preciso para la familia recibir una niña linda como
su madrina y renegona como su madre. Sebastián se adaptó y la recibió súper
bien que fue lo más lindo.
Este año mi otra hermana se casó y se
enteró que también está embarazada así que fue un año totalmente positivo en lo
familiar, llegaron nuevos miembros y qué lindo es ver como cada vez se hace más
grande.
6.
Dejé de Jugar básquet

Siempre dije que quería dejarlo, que ya me
había cansado pero de alguna manera creo que nunca pensé que ese día llegaría y
así de feo como fue.
A pesar de algunos aspectos negativos, era
mi vida, desde que tengo memoria lo practicaba, tuve la oportunidad de ser
parte de la selección nacional de mi país, de representarlo en un sudamericano
de clubes y la mayoría de mis amigos de infancia tenían relación al básquet. A
veces no lo valoraba porque lo daba por sentado pero cuando llegó el momento de
dejarlo me di cuenta de cuánto me daba.
Sin querer el básquet se había convertido
en un escape, eran dos horas, tres veces por semana que podía desconectar mi
cable a tierra y volar. Me olvidaba de los problemas, hacia ejercicio y me
mataba de la risa con mis amigas. En verdad era lo máximo.
Hasta que llegó el día en el que sentí que
los problemas de fuera de la cancha empezaron a invadirla, uno puede llegar
para divertirse pero llega un punto en el que no se puede seguir tapando el sol
con un dedo. Sentí que como equipo se nos faltó de mil maneras el respeto y que
ya cuando iba no me sentía cómoda, pasaron cosas que hicieron que en vez de desconectar
el cable, sintiera que iba para echar más piedras a la mochila, me hacía hígado
y terminó por perderse por completo el sentido.
Sentí que debía ser coherente, no podía
seguir siendo parte de algo que tenía más cosas malas que buenas, era consciente
de todo lo que se había hecho y de lo que se quería imponer, decidí que las
faltas de respeto hacia mi y todo el equipo no las podía seguir aceptando así
que me fui.
Fue un día horrible, donde les dije a todas
mis “amigas” que no jugaría más (esta vez, enserio) estoy segura de que muchas
creyeron que mis razones eran equivocadas y que abandonaba el barco en el peor
momento, pero como dicen, todo cae por su propio peso, y estoy segura de que
cuando eso pase, se darán cuenta que fue una protesta no solo por mi sino por
ustedes, y que a quién hoy le sonríen, las apuñala por detrás.
Nunca pensé sentir lo que sentí en ese
momento, yo siempre decía, lo dejo y fue, no hay drama, ya hace tiempo lo
quiero dejar. Pero no, sentí que se me partía el corazón, dejaba mi lugar
seguro por tantos años, mi pasión a regañadientes, “mis amigas”, se me iba una
parte inmensa de mi mundo, y dolió como tal. Pero todo pasa por algo, las cosas
se dieron como se tuvieron que dar y finalmente son esos los momentos que te
demuestran quiénes están.
Le puse punto final a un capítulo que me
dio tantas cosas, de echo creo que todo lo que hoy soy y vivo es buena parte
por este deporte con todo lo que trae, cosas buenas, malas, bonitas, llantos,
amistades, amor, heridas, lesiones, sonrisas, rencores, creo que era el eje de
mi vida y nunca le di el valor que merecía.
Así que después de haber podido ver desde
otra perspectiva lo que significó en mi vida, aquí te quedas, en el 2016.
7.
No viajé
Terminaba el 2015 con 4 o 5 viajes que me
nutrían el alma y desintoxicaban de esta cantidad de edificios y humo de auto.
Este año lo termino solo con uno, lindo, pero que no alcanza para limpiar 365
días.
Estuve ansiosa, cargada, de mal humor e
insoportable por sentirme abrumada y agobiada en esta ciudad que da tanto que
casi asfixia. Inconscientemente me obligué a sentir paz aquí, me obligué a
aceptar que no podía salir, me obligué a mirar hacia adentro y limpiarme sola,
una de las cosas más difíciles y feas, te enfrentas con todos tus demonios. Lo
que me llevó a muchas situaciones, una de ellas, el intentar no conformarme.
Si algo no te llena, reclama, si tu trabajo
no te hace saltar de la cama, cambia, si tu entorno no se respeta, vete, si no
te sientes feliz, respira, y repite todas las anteriores. Hoy por lo menos sé
que es ese el camino, es difícil seguirlo y se necesita bastante fuerza, aún no
lo domino para nada, pero lo intento
tener siempre presente que; mi tranquilidad vale más que nada.
El no viajar me dio la oportunidad de decidir
vivir mejor aquí, de intentar encontrar esa tranquilidad que busco en la
naturaleza aquí mismo, donde me levanto todos los días. Valorando y respetando
nuestras mañanas se llega a la conclusión que sí pues, por más cliché que
suene, la vida no se trata de esas cosas que vivimos esperando que lleguen,
sino de justamente esos días que no disfrutamos por vivir esperando.
